| Esquina de jesuitas |
La mujer que rompe paradigmas
No
pudo vivir una vida universitaria plena porque estudió, trabajó
y crió tres hijos mientras cursó su carrera universitaria,
pero se siente más identificada con la Ucab que muchos otros que
estudiaron a tiempo completo.
Una vida de contrastes y de
trabajos, donde imprime su propio sello, elegante y con personalidad.
Así es nuestra entrevistada
Una mirada observadora a su oficina fue suficiente para percatarse del orden, de un cuadro de Ramón Vásquez Brito que trajo de su casa para poderlo admirar, de las fotos de sus tres hijos y seis nietos, de libros sobre La familia como arte difícil y otros de manejo de personal como Dirección inteligente, dirección flexible que son los objetos que la acompañan.
Con una hermosa vista a El Ávila pero “petrificado” -como dice nuestra entrevistada- y con agua para beber, iniciamos un fructífero diálogo que terminó por las avenidas de Los Palos Grandes escogiendo para ella una nueva morada, más cerca de su oficina “para no perder el tiempo atravesando la ciudad”.
El escoger a Myriam Pacheco como personaje de esta página fue algo casual. Ella así lo confirma cuando relata que la apertura de las Telecomunicaciones en el país, la aprobación de la carrera de Ingeniería de Telecomunicaciones y la creación de la Cátedra Fundacional Telcel se dieron casi al unísono sin que nadie lo programara. “Lo interesante es cuando las cosas se van dando, ello me hace sentir bien”.
Myriam egresó de la Escuela de Relaciones Industriales en 1974, pero mucha tela ha tenido que cortar para llegar a la vicepresidencia de Recursos Humanos de Telcel y a la dirección general de la Fundación de la empresa.
El objetivo de la Fundación es apoyar a organizaciones con excelencia y productividad comprobadas que trabajan para jóvenes y niños. En un lapso de dos años y medio han aportado tres mil millones de bolívares a unas 60 organizaciones. “La orientación es donar a las instituciones religiosas porque son las más organizadas. Esta nueva función me hace sentir muy feliz porque me lleva a mis orígenes. Yo me inscribí en Sociología, pero luego me cambié a RRII porque el mercado laboral era mayor y yo atravesaba un momento crítico de mi vida”.
Después de haber dejado la carrera inconclusa, retomó sus estudios con un divorcio a cuestas y tres hijos. “Cursé los cuatros años que me faltaban gracias a la ayuda certera del padre Rafael Baquedano, quien me permitió tomar cinco materias en vez de siete, las dos que me faltaban las cursé en tercer año”.
Al servicio público
“Me iba a escondidas a la universidad pues mi papá no me dejaba estudiar. De las Pacheco fui siempre la primera en romper varios paradigmas”.
Mientras estudiaba trabajó en una oficina de investigaciones sobre la familia con los sociólogos Luis Yambí y Vanesa Cartaya; luego pasó a Oese, oficina adscrita a Fundacomún; allí conoció al padre Luis Ugalde, quien era su jefe y quien también fue el tutor de su tesis titulada “La evaluación y seguimiento de los aprendizajes en el Ince”.
Se encargó de los talleres de trabajo de los presos en la Caja de Trabajo del Penitenciario, instituto adscrito al Ministerio de Justicia. “En mi Renault 12 me dediqué a visitar todas las cárceles que contaban con talleres en el país y llegué hasta la cárcel de El Dorado. Allí traté de mejorar el nivel de vida de los reclusos, ya había hacinamiento y eran 16.000 presos en Venezuela”.
Pero no era un trabajo para quedarse más de año, y su vida dio un vuelco total al entrar a la General Motors. En esa empresa aprendió de Yoel Fajardo quien “me enseñó todos sus conocimientos, sin celo ni restricciones”.
Esta polifacética mujer es maratonista, ha corrido ocho veces el Maratón de Nueva York, una vez el de Rótterdam, también en Madrid –ciudad que ama con locura– y las demás veces en Caracas. También hace pesas y desde hace poco juega bowling en el equipo de Telcel.
Una vida que ella ha sabido dedicar a la nación pues “las veces que me han necesitado en la administración pública he respondido. No me siento responsable del proceso del país”. Y antes de llegar a la “Nasa” como ella llama al Metro de Caracas, en la década del 80, laboró en Montana Gráfica como gerente de Relaciones Industriales.
“En el Metro, el reto era discutir el segundo contrato colectivo, era pasar de 800 a 2.000 empleados. Hubo que seleccionar el personal de operadores (700) que era la imagen del Metro, estuve allí hasta que me despidieron durante el gobierno de Lusinchi porque era indiferente políticamente”.
“Sabrosísima”, diplomacia y celulares
Una vida de contrastes, de trabajos donde imprime su propio sello. Elegante y enérgica, el personal la saluda con cariño mientras se dirige al estacionamiento. El parquero al lavar su carro puso orden en los pequeños objetos olvidados. También gusta del mar, de aislarse y quizás rememora los pasos andados, la crianza de los hijos, su llegada a Pepsi Cola en 1985 donde estuvo un año hasta que le encomendaron la organización del Central Azucarero de Portuguesa durante tres años y paralelamente la creación de la Fundación Antonio Cisneros Bermúdez, cuyo objetivo desde su inicio fue el desarrollo integral humano.
“Yo no pude vivir una vida universitaria plena por razones obvias, pero me siento más identificada con la universidad que muchos otros que estudiaban tiempo completo”.
— ¿Amigos? Ignacio Arrieta, Rafael Baquedano, Joseba Lazcano, Jean P. Wissenbach, Carmelo Vilda, Arturo Sosa y Luis Ugalde. Y recuerda especialmente a los profesores José Ignacio Urquijo y Nepomuceno Garrido, nombre que llevó su promoción.
Pero no es fortuito que los afectos nacidos durante su carrera universitaria sean todos jesuitas. Durante veinte años seguidos, Myriam y sus hijos fueron el 24 de diciembre a compartir con la gente del Centro Gumilla en Santa Mónica.
La experiencia laboral de Myriam fue plácet para trabajar en Cancillería, Oswaldo Cisneros accedió ante la solicitud de Enrique Tejera. “Fueron dos años de una excelente experiencia, tengo grandes recuerdos del excanciller.
Reynaldo Figueredo, delegó en mí confianza y yo hice innovaciones. Allí hubo gente que me respetó y también gente que me odió”.
Luego regresó a la vicepresidencia de Recursos Humanos de Pepsi Cola y en 1996 ingresó a Telcel. “Esta empresa ha crecido de 700 a 2.500 personas. El promedio de edad de los empleados es de 29 años. Son profesionales y técnicos con miras al logro. Esta empresa es una isla de productividad y excelencia”.
Dice ser una persona positiva y optimista que cree en Venezuela. “Llueve, pero sale el sol y todos debemos trabajar si queremos al país”.
Myriam Pacheco es de esas ucabistas que cree en el arraigo a la universidad. Cuando logró estabilidad económica inició su retribución a su alma mater, durante años a la Escuela de Educación –donde estudió su única hija hembra– y desde la fundación del Parque Social Padre Manuel Aguirre, s.j., sus aportes los dirige al Centro de Salud Santa Inés.
No sabe la razón por la cual no existen fuertes vínculos del ucabista con su casa de estudios. Por iniciativa propia reparte El Ucabista a los egresados que laboran en Telcel. Considera que a través del periódico pueden conocer lo que ha progresado la Ucab, las múltiples actividades que allí se hacen y las muchas otras que hace el padre Ugalde, para que puedan así identificarse con la universidad.