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Luis Betancourt vive por el Teatro
Un abogado descubrió a Finisterra
En
la Edad Media pensaron que el planeta era plano y la línea del horizonte
representaba el fin de la tierra, ahora todos sabemos que es redonda, pero
¿cuál es el fin de la tierra? La respuesta a esta interrogante
es lo que consagra la filosofía del grupo de Teatro Finisterra que
busca a través de las artes escénicas alcanzar ese fin. La
búsqueda constante y la innovación artística es el
eje de acción que desde hace cinco años reúne a varios
estudiantes de Comunicación Social y Derecho en torno a esta agrupación;
Luis Betancourt es el director artístico de este grupo, por varios
años dictó talleres de iniciación teatral para crear
nuevos espacios de intercambio en nuestra casa de estudios.
Betancourt no sólo se dedicó a ser director de Finisterra, a la par estudiaba Derecho y colaboraba con el Laboratorio Teatral Ana Julia Rojas. A pesar de todas estas actividades, él asumió dirigir un grupo de personas que descubrían el Teatro y así se creó un punto de encuentro, experimentación y libertad que se consolidó con el montaje de Acto Cultural de José Ignacio Cabrujas en 1996.
Luego, Luis inició un intercambio de Finisterra con otros grupos de Teatro. Esto se logró con el montaje en 1997 de Mónica y El Florentino, una obra de Isaac Chocrón; a partir de allí se forjó un fuerte lazo con varias agrupaciones de la UCV, como el Teatro Tupac y el de la Escuela de Artes. Además, el mismo Isaac Chocrón empezó a colaborar con Finisterra.
Luis Betancourt obtuvo este año
el título de abogado y continúa en la dirección de
Finisterra; entre sus planes futuros está una maestría sobre
Dirección Artística y Literatura Dramática en la Universidad
de Nueva York (New York University). Aunque dejará Venezuela por
algunos años, Luis quiere volver, porque cinco años en Finisterra
cambiaron su manera de ver el mundo y le demostraron que no todo es estudio.
Comunidades eclesiales comparten experiencias
Con
la asistencia de aproximadamente mil personas provenientes de dieciséis
estados de todo el país, se realizó el Primer Encuentro de
Comunidades Eclesiales de Base (CEB). El evento sirvió para que
los cristianos, congregados en las diversas organizaciones regionales,
compartieran las experiencias que durante años han adquirido en
el trabajo directo con los vecinos y los más necesitados.
El proceso de las CEB nació en Latinoamérica, y se inició en Brasil para luego extenderse por el resto de los países. Belkis Urdaneta, coordinadora general del encuentro, explicó que en Venezuela nunca se habían reunido para analizar las características comunes que tienen todas las comunidades eclesiales, como por ejemplo el trabajo en comunidades del sector rural y de los barrios más humildes de los estados.
Otro de los objetivos de la reunión era el nombramiento de una coordinadora general de las CEB de Venezuela, con el fin de que en los próximos años sea mucho más fácil la organización y la articulación de las actividades.
En el marco de la preparación del encuentro, los participantes debieron elaborar tres fichas de trabajo, la primera contemplaba el aspecto histórico de la comunidad, la segunda analizaba la realidad actual de las mismas, y una tercera que tenía que ver con los sueños, retos y necesidades.
Durante los tres días de encuentro,
los asistentes confrontaron el trabajo de las tres fichas y presentaron
sus conclusiones. Finalmente, cerraron con la Celebración por la
vida, que salió desde la plaza Brión en Chacaíto hasta
la Iglesia San José de Tarbes en la Florida.
Condecoraciones
Este primer encuentro sirvió
también de escenario para que se otorgaran los premios Óscar
Arnulfo Romero a los participantes más destacados. Romero fue un
jesuita salvadoreño que se caracterizó por su defensa de
los Derechos Humanos en un clima de guerra civil. Fue asesinado mientras
oficiaba una misa en la Catedral de San Salvador.
Para
renovar la Iglesia y la sociedad
El Episcopado Venezolano, en julio de 1997, coincidiendo con la apertura del año Jubilar de los quinientos años de la evangelización en Venezuela, inició la fase interpretativa del primer Concilio Plenario de Venezuela. Luego de esta fase de preparación, la celebración se inició el 27 de noviembre y se extendió hasta el 2 de diciembre de este año, bajo la coordinación de la Conferencia Episcopal Venezolana.
Un Concilio, máximo acontecimiento eclesial, es una reunión de Obispos con el fin de ejercer conjuntamente la tarea que les compete en el campo de la enseñanza, de la santificación y del gobierno pastoral de la Iglesia. Se denomina plenario cuando abarca la extensión de un país; tiene potestad de legislar y cuidar que se provean en su territorio las necesidades pastorales.
Estarán presentes aproximadamente
unos 250 representantes de diversos sectores de la Iglesia, quienes buscarán
caminos concretos para una nueva evangelización en Venezuela. La
razón para esta celebración es el deseo por parte de la Iglesia
de hacer memoria histórica, reconocer las fallas, las omisiones
y enfrentar los desafíos planteados a la Iglesia en estos tiempos.
Otro fin de este Concilio Plenario es el de ampliar la solidaridad social,
particularmente con los más pobres.