La segunda edición del estudio «Bienestar Infantil en Contextos Locales», desarrollado por el CER y la Escuela de Psicología de la UCAB, incorporó la dimensión emocional y evaluó a 90 niños de entre 8 y 12 años en ambas regiones
La necesidad de ser escuchados, comprendidos y acompañados por los adultos de su entorno forman parte de los principales hallazgos de la segunda edición del estudio Bienestar Infantil en Contextos Locales en Bolívar y la ciudad de Caracas, presentado por el Centro de Estudios Regionales (CER) de la Universidad Católica Andrés Bello, extensión Guayana (UCAB Guayana), en conjunto con la Escuela de Psicología de la UCAB.
La investigación abarcó una muestra de 90 niños de entre 8 y 12 años y amplió su alcance geográfico. A diferencia de la primera entrega, enfocada exclusivamente en el municipio Caroní del estado Bolívar, esta edición incluyó al Distrito Capital.
El abordaje permitió comparar vivencias según la ubicación territorial, el estrato socioeconómico y el grupo de edad. Además, el estudio incorporó el componente psicológico y el reconocimiento de las emociones como eje transversal para comprender las experiencias infantiles en sus distintos espacios de socialización.
La investigadora del CER, Marian Ojeda, destacó que los niños expresan una necesidad de ser escuchados, comprendidos y acompañados por los adultos de su entorno. A partir de sus relatos, identificaron que muchos no sienten que sus opiniones y emociones se tomen en cuenta, por lo que reclaman mayor atención de sus padres, familiares y maestros.
El trabajo evidencia que el bienestar no depende únicamente de las condiciones materiales. Los testimonios muestran que incluso los niños de estratos socioeconómicos altos expresan sentimientos de soledad, falta de comprensión y atención por parte de sus padres.
El enfoque de la investigación fue cualitativo y el levantamiento de la información se realizó a finales de 2025 mediante observación y grupos focales. Los investigadores utilizaron actividades lúdicas y didácticas, como dibujos, elaboración de mapas, termómetros emocionales, árboles de las emociones, simulaciones y juegos de roles, para conocer las experiencias cotidianas de los niños.
Alta vulnerabilidad
Janet Guerra, profesora e investigadora de la UCAB, explicó que 28% de la población infantil considerada en el estudio se encuentra en los estratos de alta vulnerabilidad. En el caso de Guayana, la proporción de niños en pobreza multidimensional crítica alcanza 42%, una realidad que vinculó con las condiciones económicas y sociales de la región.
También mencionó la falta de agua, electricidad y otros servicios básicos como limitantes en el funcionamiento de las escuelas, que se suman a las dificultades de alimentación y a los problemas de asistencia escolar.
En los testimonios recogidos, los investigadores encontraron que algunos niños deben asumir responsabilidades, como las tareas domésticas y la preocupación por trabajar en el futuro cercano. En ese sentido, Ojeda señaló que el trabajo comenzó a aparecer como un elemento naturalizado en las narrativas infantiles, algo que no habían identificado en la primera edición del estudio.
“Los niños hablan de estudiar y trabajar como parte de su vida cotidiana o de sus expectativas, mientras que las labores domésticas, como limpiar, fregar o ayudar a lavar la ropa, ocupan parte de su tiempo libre, especialmente en los hogares de menores recursos”, explicó Ojeda
Migración y violencia
En el ámbito psicosocial, Guerra advirtió sobre la presencia de angustia, ansiedad y preocupaciones que van más allá de la escolaridad.
Las tensiones varían según la región. En Caracas, predominan las preocupaciones asociadas a la exposición a la violencia, el acoso escolar y el hacinamiento; en Guayana, aunque estas situaciones también están presentes, el factor determinante es la separación familiar originada por la migración.
“La ausencia de madres, padres o hermanos puede generar duelo migratorio y síntomas depresivos en los niños. Algunos testimonios reflejan la separación de hermanos cuando uno de ellos emigra con su madre, mientras otros permanecen en Venezuela”, puntualizó Guerra.
La casa como refugio
Por otra parte, de los 90 participantes, 47 identificaron la casa como un lugar relevante. Sin embargo, Ojeda explicó que los relatos no siempre la describen como un espacio agradable, sino como un refugio en el que pueden sentirse protegidos, particularmente cuando permanecen en su habitación.
La escuela apareció como un lugar importante para apenas 10 niños. Además, en los dibujos y relatos no hay expresiones afectivas positivas relacionadas directamente con el gusto por asistir a clases o estudiar.
Asimismo, se menciona la preocupación por ser aceptados por sus compañeros. Algunos niños expresan desconfianza hacia ellos y temen el rechazo o el bullying, testimonios que se repitieron en los diferentes estratos socioeconómicos tanto en Caracas como en Ciudad Guayana.
Sobre la necesidad de sentirse escuchados y tomados en cuenta, algunos testimonios identifican ocasiones puntuales en las que reciben atención, como su cumpleaños o una exposición escolar.
Guerra aclaró que los niños no piden que sus opiniones determinen todas las decisiones familiares, sino que sean escuchados desde sus propias edades, intereses y preocupaciones.
La familia no siempre está presente
En cuanto a las redes de apoyo y las figuras que los niños reconocen como referentes en sus vidas, la madre fue la figura más mencionada, pero sólo 36 de los 90 niños la identificaron como una persona relevante.
Seguidamente aparecen el padre, los hermanos, los abuelos y las mascotas. La figura del maestro solo estuvo presente en una de las 90 representaciones analizadas.
Ojeda destacó que el concepto de familia se vuelve menos frecuente en los relatos a medida que se pasa de los estratos altos a los medios y bajos. En estos últimos, los niños suelen referirse a personas específicas, como su madre, padre, hermano, tío o abuelo, en lugar de hablar de la familia como un conjunto.
La casa también toma distintos significados. Algunos niños expresaron que se sienten seguros cuando están con su madre o sus padres, mientras otros señalaron que encuentran tranquilidad cuando están solos en su habitación y nadie los molesta.
Para Ojeda, estos resultados muestran que disponer de recursos materiales no garantiza por sí solo el bienestar emocional. La atención, la comprensión y el acompañamiento también forman parte de las necesidades infantiles.
Al preguntarles qué necesita una familia para tener una buena vida, los niños mencionaron principalmente la felicidad, el amor, la comprensión, el apoyo mutuo y la atención. También identificaron el dinero como un recurso necesario para cubrir necesidades básicas.
Los investigadores observaron que, mientras los niños de estratos altos suelen mencionar un conjunto más amplio de necesidades y oportunidades, en los estratos bajos las respuestas se concentran con mayor frecuencia en los recursos indispensables para vivir y estudiar.
Igualmente, consideran importante atender no sólo la valoración general que hacen los niños de sus vidas, sino también las experiencias específicas que explican cómo se sienten.
Pocas referencias a las aspiraciones de futuro
La segunda edición del estudio también incorporó una revisión de las expectativas y los proyectos de vida de los participantes.
Ojeda señaló que, a diferencia de la primera edición, en esta oportunidad comenzaron a aparecer referencias a profesiones y aspiraciones concretas. Sin embargo, solo seis niños mencionaron planes relacionados con estudios universitarios o una profesión. Entre las respuestas recogidas figuran deseos de estudiar Psicología, ser abogado o ingeniero, así como convertirse en estilista y emprender.
Otros niños relacionaron su felicidad futura con la posibilidad de vivir de manera independiente, tener dinero o alcanzar mayor libertad.
Como conclusiones, Ojeda destacó que los niños son capaces de reconocer los problemas de su entorno y expresar qué necesitan, por lo que sus opiniones deben formar parte de las decisiones que afectan sus vidas.
El informe del CER y la Escuela de Psicología de la UCAB insta a diseñar programas de intervención multidisciplinarios que aborden las dinámicas familiares, la convivencia escolar, la prevención de la violencia, el bullying y el acompañamiento emocional en las comunidades.